Chile tiene 27 años para ser carbono neutral, pero alcanzar esta meta requiere tener una matriz energética renovable. Sin embargo, el análisis de los expertos advierte la urgencia de modernizar la legislación y las líneas de transmisión para cumplir con el propósito de ser ‘más verdes’.

La energía es considerada por todos los países un sector estratégico. De hecho, y aunque se ha tratado de desacoplar este vínculo, lo cierto es que hasta ahora existe una relación directa entre mayor nivel desarrollo y mayor uso de energía. Pero la necesidad de mitigar el cambio climático y el compromiso de descarbonizar la matriz energética obliga a pensar en un nuevo modelo, que permita generar, transmitir y distribuir las energías renovables a todo el país.

Pablo Monsalve, consultor senior de Servicios de Sostenibilidad de EY, explica que con la Ley Marco de Cambio Climático se formalizó la meta de alcanzar la carbono neutralidad en 2050, donde ‘los segmentos transmisión y distribución juegan un rol fundamental, ya que serán los encargados de transportar la energía eléctrica 100% generada en las centrales renovables, que para esa fecha deberán ser capaces de satisfacer la demanda y de reemplazar la oferta de generación posterior al cierre de la totalidad de las termoeléctricas a carbón a 2030’.

Desde el Centro de Transición Energética (Centra) de la Facultad de Ingeniería y Ciencias de la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), su director, Daniel Olivares, detalla que ‘las fuentes de generación renovable se encuentran en forma abundante en zonas alejadas de los principales centros de consumo del país, como en el desierto de Atacama y la Región de Magallanes, lo que implica que su aprovechamiento requiere del desarrollo de nueva infraestructura de transmisión para transportar la generación de bajo costo a los consumidores’. Asimismo, estudios realizados en Chile —precisa— han identificado que una fracción significativa de la generación renovable podría provenir de proyectos a pequeña escala, cercanos a los centros de consumo.

Dichos proyectos si bien tienen pérdidas de eficiencia por un menor nivel de radiación y pérdida de economías de escala en su instalación, tienen la ventaja de reducir los requerimientos de nueva transmisión; sin embargo, su desarrollo eficiente y seguro depende de un cambio en el rol de las redes de distribución, desde redes pasivas y unidireccionales, hacia una plataforma de transacciones de energía bidireccionales y con necesidades de coordinación. ‘Luego, ya sea transmisión o distribución, no cabe duda que la transición energética debe ser acompañada por un desarrollo significativo de redes de transporte de electricidad’, asevera.

REFORMAS

En este escenario, los expertos coinciden en que se requieren cambios importantes en la normativa nacional para avanzar hacia la carbono neutralidad. Desde Empresas Eléctricas —gremio que agrupa a las principales compañías de distribución de electricidad de Chile— afirman que ‘la distribución eléctrica juega un rol clave. Debemos preparar las redes de distribución para habilitar la transición energética, para permitir la creciente electrificación de los consumos, el desarrollo masivo de recursos distribuidos, un mejor servicio centrado 100% en el cliente, y a la vez aumentar la resiliencia de la red frente a eventos climáticos extremos cada vez más frecuentes’.

Para lograrlo, a nivel de distribución eléctrica, es necesario —comentan— ‘avanzar en una reforma profunda al sector de distribución, que modernice una regulación que tiene casi 40 años, que no refleja adecuadamente la realidad de la red actual ni se hace cargo de preparar a las redes de distribución para habilitar para la transición energética, de modo que esta sea percibida por la familias chilenas’. ‘Este es un desafío que resolver como país, que está pendiente hace mucho tiempo, y que esperamos que sea abordado durante 2023. Se requiere una actualización profunda del actual marco regulatorio de la distribución, que entregue los incentivos adecuados para que se efectúen las inversiones en redes y tecnologías que permitan una operación cada día más robusta y moderna de las redes, que otorguen flexibilidad para que estas puedan adaptarse a una configuración cada vez más compleja, y que permitan una mejora continua de la calidad de servicio que reciben los clientes’, señalan.

En materia de transmisión, en tanto, Javier Tapia, director ejecutivo de Transmisoras de Chile, dice que ‘la transmisión eléctrica es la principal condición habilitante para lograr el sueño de una matriz renovable. Bajo cualquier escenario previsible para el futuro, necesitaremos una red de transmisión más segura, resiliente y confiable, independiente de la introducción de almacenamiento u otro tipo de desarrollos tecnológicos’. De ahí que detalle que para avanzar con mayor celeridad y seguridad en el desarrollo de una red de transmisión adecuada, ‘las instituciones del Estado deben otorgar certeza y confianza a la inversión, lo cual se concreta en procesos regulatorios transparentes, a tiempo y con reglas claras. En esto, hemos visto una mejora importante durante el último tiempo, por lo que valoramos positivamente los avances y esperamos que se siga trabajando en esa misma línea’. ‘Es posible también, como tiene contemplado el Ministerio de Energía, implementar algunas mejoras legislativas menores, pero que permiten acelerar procesos de desarrollo de la infraestructura.

Esperamos que este proyecto se concrete durante este año 2023′, sentencia También se requiere mejorar la forma en que —expresa— ‘se otorgan los permisos que se requieren para el desarrollo de proyectos, darles celeridad y urgencia, especialmente a aquellos que se encuentran fuera del SEIA’. Asimismo advierte la necesidad de mejorar ‘la planificación desde un punto de vista sustantivo, metodológico, institucional y procedimental, para que la transmisión cuente finalmente con las holguras necesarias para dar cabida al crecimiento del sistema y que este ocurra de manera armónica y ordenada’, además de dar mayor seguridad a las instalaciones del sistema de transmisión, única infraestructura que tiene un impacto sistémico a nivel nacional. ‘Debemos protegerla de atentados; robos de cables, acero y otros, que han ido en incremento; e invasiones a las franjas de seguridad, que pueden tener consecuencias importantes para la vida y seguridad de las personas. En ese contexto, es urgente incluir a la transmisión como infraestructura crítica en el proyecto de ley que se discute actualmente en el Congreso’, sentencia Javier Tapia.

DESAFÍOS

Ana Lía Rojas, directora ejecutiva de Acera, afirma que ‘para lograr con éxito una transición de la matriz productiva de los países hacia economías cero emisiones, los esfuerzos y las señales deberán ir alineadas no solo hacia la descarbonización, sino que también en la búsqueda de la mejora del servicio prestado, de la confianza de la industria hacia la ciudadanía, de la coordinación entre los órganos del Estado, sin descuidar en ningún momento la tarifa que pagarán los clientes no solo al final de la transición, sino que en el camino hacia ella’.

Mientras que el director del Centra considera que Chile debe resolver desafíos regulatorios en el corto plazo, asociados al ‘desarrollo eficiente y oportuno de la transmisión y la recuperación de señales económicas para la localización eficiente de inversiones de generación ERNC; la reforma a la distribución para convertirla en una plataforma bidireccional de transacciones financieras y de energía a nivel local, y una reforma al mercado mayorista de energía que permita reflejar en los precios del mercado los crecientes ‘pagos laterales’ asociados a los costos fijos de operación de plantas térmicas, y con esto entregar señales económicas para la integración de sistemas de almacenamiento que permitan reducir dichos costos’. En el largo plazo, en tanto, el país debe enfrentar el gran desafío de desarrollar una industria exportadora de hidrógeno verde competitiva, consistente con las estrategias de desarrollo de las regiones involucradas.

Rodrigo Cabrera, gerente senior de Servicios de Sostenibilidad de EY, a su vez, añade que el principal desafío es ser capaces de mejorar la habilidad para adaptarse a las condiciones de variabilidad e incertidumbre en generación y demanda, resguardando la confiabilidad y los costos, lo que —asegura— ‘no es una tarea sencilla. Sin embargo, existe un cierto nivel de consenso en que, dadas las características de nuestra matriz en transición, hemos alcanzado un punto donde debemos estudiar incentivos y regulaciones adecuadas para el rápido desarrollo del almacenamiento de energía, de manera de aprovechar nuestra generación variable y de la planificación y operación de la transmisión’.

 

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